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viernes, 4 de marzo de 2011

Las bibliotecas públicas inglesas se niegan a desaparecer




Las estanterías vacías de la biblioteca Stony-Strafford luego de la estrategia de los usuarios.

Londres. Una multitudinaria protesta en forma de sentadas u ocupaciones nocturnas tuvieron lugar en el Reino Unido el mes pasado en disconformidad por el cierre de cientos de bibliotecas municipales. Esto se debe a los recortes presupuestarios impuestos por el Gobierno de David Cameron.
La reacción de los usuarios en diferentes localidades del país fue variada: desde pasar la noche leyendo y compartiendo juegos de mesa en la biblioteca local hasta lecturas públicas en las instalaciones por parte de centenares de personas que se turnaban para leer. Muchos ayuntamientos y autoridades provinciales han decidido cerrar las bibliotecas de sus territorios para poder cumplir con el objetivo de recorte del gasto público auspiciado por el Ejecutivo de coalición conservador-liberaldemócrata.


Los ediles argumentaron que si no se cierran los centros de lectura para hacer cuadrar las cuentas, habría que prescindir de otros servicios más fundamentales, como residencias de ancianos o centros de salud mental. Sin embargo, los ciudadanos, apoyados por numerosos escritores y figuras públicas del país, sostuvieron que la clausura de bibliotecas es muy perjudicial a largo plazo, sobre todo para los más desfavorecidos de la sociedad. Estos opositores apuntan que, pese a la necesidad de reducir el déficit estatal, el Gobierno debe proteger los servicios públicos y obtener en cambio el dinero subiendo los impuestos a las empresas y a los ricos.

La biblioteca con todos sus libros prestados
En el pueblo de Stony Stratford, por ejemplo, y con la sempiterna crisis como excusa, el ayuntamiento anunció que ahorraría treinta millones de euros al recortar presupuestos. Uno de los que primero recortaría es el de la biblioteca. La cerrará y punto. Entonces, a uno de los habitantes del pueblo se le ocurrió que una forma de impedir el cierre de la biblioteca sería que los usuarios pidiesen muchos libros prestados: todos, de ser posible. Consultaron qué cantidad máxima de libros podía sacar cada persona, montaron un grupo en Facebook y solo en una semana sacaron todos los libros de esa biblioteca: unos 16.000.
Según la BBC, el ritmo de préstamos fue de 378 libros por hora. La prensa inglesa muestra estos días fotos de la biblioteca en cuestión con las estanterías completamente vacías (ver foto). Es de pensar que la intención es doble: por un lado, mostrar el amor de los habitantes de ese pueblo por los libros y por su centro de lectura. Por otro, el hecho de que habiendo prestado todos sus libros, la biblioteca no pueda cerrar. Parece lógico que no pueda hacerlo con su patrimonio desperdigado.
[Fuente: BBC]

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